CUMANÁ. 2008
SÁBADO. 5 DE ABRIL
Partimos hacia Cumaná a las cinco de
la mañana para asistir a los XXIX Juegos Deportivos Médicos. Viajo con el
doctor Alexis Castrillo. A las siete estamos en Altagracia de Orituco y
desayunamos. Nos detenemos en Machina para almorzar. El lugar el bello, junto
al mar, y adornado con una enorme, y aparentemente, muy vieja ancla.
Ya en Cumaná nos hospedamos en el
hotel Nueva Toledo. No pudimos asistir al desfile inaugural por lo tarde que
llegamos a la ciudad.
DOMINGO.6 DE ABRIL.
No son las seis y todo está muy claro. Camino
hasta el Colegio de Médicos. Desde el hotel hasta allá no son más de veinte
minutos. Sopla la brisa, fresca y olorosa a mar.
Nos corresponde jugar ajedrez con Nueva
Esparta. Mi contendor es el Dr. Carlos Anes de Margarita. Dice que su apellido
sólo se encuentra en la isla. Él empieza ganando, pero me recupero y tomo la
delantera. Terminamos haciendo tablas.
Creo que pude haber ganado, pero el ajedrez es como la vida misma: una
cacería de oportunidades que muchas veces pasan delante de nosotros sin que las
notemos. Aprendí una lección: en el ajedrez es mejor ir lento, porque la
batalla es de paciencia. Mi error fue intentar ganar por la vía rápida.
A propósito del ajedrez leo que murió Fischer
en Reykiavik, perseguido por el gobierno norteamericano. Murió atormentado y
leyendo en una librería que le recordaba a su preferida en la infancia en Nueva
York. Los libros fueron su paño de lágrimas.
Voy al centro de la ciudad. Los museos no
trabajan. Visito el castillo de San Antonio de la Eminencia.
Diego, un sociólogo desempleado, me informa
que él forma parte de una asociación de amigos del castillo. Su trabajo es
voluntario. El castillo fue construido en el siglo XVII para enfrentar los
ataques de los piratas. Tiene forma de estrella de cuatro puntas que indican
los puntos cardinales. Veo el cuartucho donde estuvo detenido José Antonio Páez
por razones políticas en 1849. Desde el castillo se observa la isla de
Margarita, en la lejanía. El guía dice que el castillo estuvo más cerca del
mar, pero que éste se ha ido retirando.”Mi abuelo fue testigo del último retiro
de las aguas en
Luego parto a la iglesia de Santa
Inés. Al lado están las ruinas del castillo de Santa María de
En la tarde voy a la playa San Luis, muy cerca
del hotel. Llego a las tres y tanto. Pido pescado y me traen corocoro. Leo la
biografía de Andrés Eloy Blanco. Oscurece mientras leo y no tengo tiempo de
echarme un baño.
LUNES. 7 DE ABRIL
Camino con el Dr. Navis Márquez por la avenida
Universidad de Oriente. Juego ajedrez con el representante de Aragua. Hacemos
tablas . Voy a la casa de José Ramos Sucre. El solariego lar de José Antonio
Ramos Sucre, considerado el iniciador de la modernidad literaria
venezolana, es una casona amplia. Allí se siente la presencia del bardo trágico
de giros deslumbrantes, hermosos y misteriosos. Allí están sus enseres, sus
libros, fuentes de historias, mitos y leyendas que poblaron su maravilloso
mundo poético.
Visito la casa natal de Andrés Eloy Blanco con el
escritorio hecho por el propio vate, el consultorio médico de su padre y los
viejos tomos en la biblioteca (“ ¡Mi casona oriental! Aquella casa/con
claustros coloniales, portón y enredaderas/ “), todo celosamente cuidado por el
amable guía; y el patio donde crece, un
descendiente en quinta generación del “gran parral que daba todo el año uvas
más dulces que la miel de abejas”. Y
entonces recordé a mi maestra de primaria, Dalila de Arbeláez , cuando me
enseñó a recitar los versos de
MARTES. 8 DE ABRIL
En la mañana hago una caminata hasta la playa.
Juego y gano. Recorro la ciudad. Al lado del teatro Luis Mariano Rivera una
placa nos dice que allí una vez vivió Don Andrés Bello; otra nos informa que en 1820 se realizó la primera cesárea en
América ; otra más nos muestra la impronta de Humboldt ; y una plaza con el
busto de Vargas es la señal de la estancia del sabio médico .
Pero el verdadero banquete literario
lo representa la visita a la última morada de Cruz Salmerón Acosta en
Manicuare, a donde nos dirigimos en una pequeña embarcación o Tapaito ,para
contemplar el mismo mar que le inspiro su inmortal soneto Azul y oír al guía ,
José Pereda, hablar del bardo y sus sufrimientos .Tantos
amargos momentos hacen que se encierre en esa humilde casa. Una casita de
apenas dos cuartos: un dormitorio y un baño con tina para tratarse la lepra con
sales y yerbas. C. S no quiere que su
novia comparta su destino, no permite que lo visite y sólo la contacta a través
de cartas. Alcanza un estado de sublimación freudiana y se dedica intensamente
a la producción poética. La renuncia al amor de la novia constituye un inmenso
dolor y la describe : “como una adolescente rubia, de candor angélico y voz con
dulce suavidad de arrullo y alegría de gorjeo, y con unos incomparables ojos
azules y tristes como el azul doliente de un país en exilio”. El azul del
cielo, el azul de mar, el azul de los ojos de la novia crean la atmósfera que
impregna el mencionado poema.
Regreso. De Manicuare hasta Araya hay sólo 15
minutos en auto. El camino, de rocas , cujíes y cactus es agradable por el aire
seco del mar. Contemplo la laguna de donde se extrae la sal. Visito las ruinas
del castillo de Santiago del Arroyo de Araya. Fue construido por los españoles
en el siglo XV para que los piratas no se robaran la sal. Me siento en el
restaurant Araya Mar para almorzar y contemplar las olas.
MIERCOLES.
9 DE ABRIL
Llego
hasta donde se supone estuvo la casa donde nació el general Sucre. Pero no hay
ningún monumento porque el sitio no ha sido precisado. El Museo de Gran
Mariscal de Ayacucho es amplio. Allí está su partida de nacimiento y algunas
pertenencias de su esposa.
Ceno
en la playa mientras leo la biografía de Andrés Eloy Blanco.
JUEVES.
10 DE ABRIL
Me
despierto a las tres de la madrugada. Continúo la lectura de la biografía de
AEB. Por la ventana penetra la brisa marina y el ruido de las olas. A las seis
camino hasta la playa. Unos pescadores laboran desde una pequeña embarcación.
Lanzan la red y recogen muchos peces. En la playa hay muchos perros que no
dejan de ladrar nunca.
Me
dirijo al Museo del Mar. Se nos atraviesa un entierro. El silencio es sepulcral,
en correspondencia con el momento. El taxista dice: “Es de gente decente”.
Luego nos encontramos con otro cortejo fúnebre. La gente acompaña al difunto
con música y aguardiente. El taxista habla nuevamente: “Es de malandros”.
En el museo hay varias colecciones de fósiles
y esqueletos de ballenas y otros animales marinos. La atracción principal es el
celacanto, un pez fósil que vivió hace 400 millones de años.